viernes, 5 de marzo de 2010

Inauguración Paranoide







Somos como moscas atraídas por la miel. Atrapadas con las patas pegadas en su faz dulce y dorada. Trampa y muerte segura a cambio del placer de su delicioso aroma y sabor. Una vez rendidos ante el Hermano de los mil ojos, nuestra vida ya no es solo nuestra. Sin saberlo, le hemos vendido nuestra alma al diablo. Rendidos ante su majestuosa accesibilidad ilimitada a las ideas, los foros, las imágenes, le concedemos todo deseo. Las mismas formas de siempre, pero representadas bajo la óptica de quien vive en un mundo posmoderno, el cual carcome nuestra realidad tercermundista mágica y religiosa.
Son los adjetivos imperativos colgados a nuestra posmodernidad.
Satania se alza ante nuestros ojos ávidos.
Pero, ¿qué le vamos a hacer? Por que si me lees, y tienes correos o páginas personales, no hay Mesías que te salve. El profeta tenía razón, aunque veintiséis años después, su vaticinio se cumplió. Yaces drogado con un estupefaciente que no se inhala, ni se fuma, ni se come, ni se inyecta. Es la rapidez del contacto, la libertad de expresión y cada inimaginable cosa o idea que te ofrece este dragón de diez mil y una cabeza. Pero te controla y hasta te evalúa.
Y nos vamos de viaje. Un click y estamos en un mundo que nuestros padres y abuelos, tan bien plantados en la tierra, no acaban de comprender. Todo gracias a la miel de éste panal cibernáutico, tentador, perverso, despiadado, cuya principal bandera y máxima, es la libertad de expresión. ¿No te zumba y te irrita? Ahora tienes el mundo ante ti.
Que bien aprendido tenemos ese antiguo canto inglés, coreado por Norteamérica y Francia, tan viejo ya que la aldea global y nuestro mundo de tercera corean o intentar cantar, pero a des-tempo y desafinado. El milagro de hacerse escuchar a gritos cargados.
Y en ese juego aparentemente inocente de navegar, conocer y dejarse conocer, lo damos todo. Sin pensar que esa misma libertad de expresión nos condena ante un espejo que trasgrede la seguridad del monitor. Por que estamos expuestos en la escuela, la oficina, el cybercafé de la esquina o el hogar, felices pero expuestos. Sin saberlo, pagamos un cyber-espacio que ocupa nuestro tiempo, mientras dejamos ¡quién sabe para qué fines! que nos evalúen, cataloguen, midan, analicen cada habilidad nuestra para resolver rompecabezas, teclear palabras, crear imperios, construir granjas... Que música escuchamos, que nos gusta leer, o si no leemos nunca, nuestros amigos, tus amigos, ¡tu, mi amigo! En fin, nos perfilan.
Y así, en medio de esta psicosis paranoide y deformante de la paz espiritual y mundana, doy inicio a éste nuevo espacio en cuyo vórtice cuelga mi nombre.
Sólo te queda aprender a vivir con el Hermano de los mil ojos.Recuerda que las arañas tejen sus redes en silencio y con paciencia.

1 comentario:

  1. pues bienvenida a este mistico mundo donde todo se puede y puede ser ficticcio ala vez,aqui la acompañare por esta ciber aventua,abrazos!!!!

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