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| La Memoria, René Magritte |
El eco del pasado se disipa en la distancia lacerante del tiempo. Hace estragos en la memoria colectiva que se afana por encontrar felices motivos para seguir. Pero olvidar la infamia, es cerrar los ojos con indiferencia, abnegación patética ante un acto impune y vergonzoso.
No, no es cosa de grillería o estudiantes revoltosos, porque cuando la herida es colectiva, el olvido, la indiferencia y el perdón, se vuelven actos indignos. No es una humillación personal o una herida que sangra en la intimidad de un individuo, fue la sangre de civiles habitando un país en "paz".
Entre esos civiles, había adultos, niños y jóvenes. Porción generacional que no dio su fruto. Muchachos que no aportaron sangre nueva a mi generación. Porque la sangre de ellos, fue derramada impunemente en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.
Por eso hoy escribo esto, por si no lo sabías, por si lo habías olvidado, por si no le ves el caso recordarlo. Y reitero: es nuestro deber que el 2 de octubre de 1968, no se nos olvide jamás.
Hoy, es 2 de octubre. Lástima que ésta fecha se vuelva pretexto para cometer vandalismo, lo que nada tiene que ver con el motivo de la fecha. Actos que la envilecen, estigmatizándola ante los ojos de una sociedad de memoria descalabrada.
Pero esto sucede cuando el gobierno no institucionaliza un hecho de tal envergadura. El motivo: la vergüenza.
¿Y por qué hay que recordarlo y calendarizarlo como día de luto nacional? Porque éste hecho lamentable, fue parteaguas en la libertad de expresión de todos nosotros.
Si te dices humanitario, creyente en algún dios, mexicano, deberías sentir rechazo e indignación por este asesinato. Y hacer lo posible para que no se vuelva a repetir. ¿Cómo? No olvidando.
Y porque se nos olvida sucedió después Acteal y San Salvador Atenco, y no hicimos nada. Porque la información nos llegó tergiversada y la creímos. Porque no hemos aprendido la lección de nuestra propia historia. Aunque lo vivamos, nos convertimos en testigos mudos, como sucede en estos días. Y seguimos creyendo.
Y así, en nuestro afán de convertirnos en modernos, tratamos de imitar a otros países, y no nos damos cuenta que México tiene mucho para darse a sí mismo.
"Todos los esfuerzos desplegados por los países de América Latina para hacerse semejantes a Europa, los han convertido en caricaturas de nación". (Henri Favre, 1996)
PARTICULARISMO HISTÓRICO, TRADICIÓN CULTURAL... el 2 de octubre de 1968 NO SE DEBE OLVIDAR.
